Ante el masivo cambio de calificación de los terrenos del municipio en urbanizable, un grupo de ciudadanos constituyó una plataforma contra el Plan General encabezada por la abogada Inmaculada Gálvez e integrada por asociaciones de vecinos, que informaban a los colectivos para que alegasen contra la normativa urbanística. Respecto a estas alegaciones, Jesús Gil aseguró que el nuevo PGOU era “serio y riguroso” e insistió que los inconvenientes de la plataforma "proceden de cuatro chaus chaus: protestan porque han puesto una valla, porque se ha tirado un eucalipto o porque una persona se ha metido unos metros. Si eso son alegaciones que venga Dios y lo vea", mientras aprovechaba para asegurar que no era necesario un estudio de impacto ambiental.
Las denuncias por licencias ilegales no son nuevas en Marbella, el 30 de septiembre de 1997 la Plataforma Ciudadana para la Revisión del Plan General de Ordenación Urbana denunció ante la DelegaciónProvincial de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta que “en apenas dos meses han podido constatar la ilegalidad de 53 licencias sin apenas medios. Deben existir muchas más que han escapado a su control".La Plataforma presento un total de 143 alegaciones que por supuesto no fueron aceptadas.
En tanto, Jesús Gil continuaba con la presentación de sus proyectos y levantaba auténticas cortinas de humo, asegurando que convertiría a Marbella en un “principado como el de Mónaco”. Aprobaba inicialmente el Plan General el 12 de noviembre de 1997 y lo remitía a la Comisión Provincial de Urbanismo.No dilató la Junta mucho la respuesta, el 17 de noviembre de 1997, apenas 5 días después de su aprobación, aseguró que no ratificaría el Plan puesto que adolecía de la preceptiva evaluación de impacto ambiental. Recientemente se había aprobado la reforma del Código Penal que sancionaba el delito contra la ordenación del territorio, por lo que amenazaron, por primera vez, con el inicio de actuaciones penales contra el consistorio.Jesús Gil no dudo en responder que él era el alcalde y “puedo dar licencia a quién me dé la gana,” Con respecto a los miembros de la Plataforma Ciudadana para la Revisión del PGOU afirmó que "Hay que ser mal nacidos para tratar de asustar a bancos y promotores para que esto sea una ruina como la que tenían ellos".
En estas fechas los testaferros de Jesús Gil y Juan Antonio Roca facturaban miles de millones a la ciudad por proyectos falsos, mientras que el Ayuntamiento subía el IBI un 35 por ciento. La contundente oposición del concejal Antonio Martín provocó a Pedro Román que le amenazó en un Pleno "a que se vean las caras donde quiera, cuando quiera y como quiera, a solas y sin la presencia de los medios de comunicación".
El GIL lanzó una moción de censura en el Ayuntamiento de Manilva, pero necesitaba el apoyo del Partido Popular, así que optó por la estrategia de amenazar con sacar a la luz corruptelas de los populares. Ante el chantaje, el Secretario del Partido Popular en Granada advertía a Gil que “Marbella no es Sicilia” y el portavoz del grupo parlamentario en la Junta de Andalucía aseveró que su partido no iba a arrugarse a la primera amenaza de Gil como hizo el PSOE .
A su vez, los empresarios ya se posicionaban ante la aprobación del Plan General. La empresa gallega FADESA anunciaba la compra de dos millones de metros cuadrados en la zona conocida como Guadalmina, donde también construirían un hotel con una inversión superior a los 20.000 millones de pesetas. Jesús Gil aumentó la presión para obtener la ratificación de su plan por parte de la Junta, llegándose a reunir con Felipe González.Fue entonces cuando decidió sacarse un as de la manga: el acta notarial donde manifiesta haber pagado una mordida al PSOE de Montaner y Salinas para aumentar la edificabilidad de una promoción. Pactó con la Junta de Andalucía desistir del caso, a cambio de cierta benevolencia en la aprobación del Plan General. Es por esta razón por la que Jesús Gil dijo sentirse “ traicionado” por el ente autonómico.
Para despejar cualquier duda sobre corrupción, el Alcalde destituyó a Carlos Fernández, el joven concejal encargado de Juventud y Deportes que se dedicaba a quedarse con la mitad del sueldo de los futbolistas del San Pedro. Por aquel entonces, como solían comentar los concejales “no se movía un papel en Marbella sin el permiso de don Jesús”. A Carlos Fernández se le ocurrió que podía robar por su cuenta, lo que supuso un gran error. Cuando Jesús Gil se enteró convocó a una reunión a Carlos Fernández y le dijo que por qué lo había hecho, que si le hubiera pedido el dinero se lo habría dado.
Para asegurarse la reelección en 1999 se hacía necesario comenzar a vender proyectos tan maravillosos como irrealizables, de manera que empezaron hacerse públicos los proyectos de la isla artificial, el portaviones urbanizable o la conexión de Marbella con Málaga, Córdoba y Madrid a través del AVE, lo que GIL denomino el “tren bala” .
Otra de las demoliciones que acometió Jesús Gil fue la del Edificio de la Princesa Astrid, cercano al Club Financiero Inmobiliario. La excusa era que el edificio estaba construido sobre terreno calificado como “viales públicos”. Prometió hacer un parque, pero nada más lejos de la realidad. El terreno, por su situación y belleza era ideal para la voracidad urbanística de Jesús Gil, así que no tardó en poner sus ansias constructoras sobre ellos. Comenzó a construir un aparcamiento en frente del Club Financiero y proyectó dos edificios con 250 viviendas en el paraje denominado El Pecho de las Cuevas, una colina rodeada de vegetación frondosa y pequeñas cuevas producidas por la naturaleza calcárea del terreno. Para alzar los edificios había que ganar terreno desmontando parte de su ladera. El proyecto destrozaba el parque, que junto al polideportivo Paco Cantos era una de las últimas zonas verdes del casco Urbano. El bello espacio era calificado por Jesús Gil como “un nido de ratas” y un “ cagadero de perros” .
Por primera vez los vecinos se unieron, manifestándose contra las obras ya comenzadas. Para intentar calmar los ánimos, Jesús Gil decidió construir una fuente gigantesca de 35 metros de altura, un auténtico monumento a la especulación urbanística. El 18 de diciembre de 1998 Ecologistas en Acción interpone la primera denuncia, que es secundada por los vecinos en el mes de enero de 1999. A partir de entonces se suceden las concentraciones contra la obra, así como un incidente vandálico cuando se quemó una de las máquinas que trabajaba en la edificación.
En Septiembre de 1998, después de recogerse firmas, una plataforma encabezada por el portavoz del grupo ecologista Javier de Luis y por la dirigente vecinal Licy Cohen convocó una manifestación que recorrería todas las obras ilegales que ya aparecían en Marbella, como el parking del Francisco Norte sobre terreno deportivo o la expropiación de facto de un lugar conocido como La fabrica de hielo para construir varios bloques de edificios. La protestainició su recorrido en el Club Financiero y apenas eran 1000 personas, pero según iban recorriendo las obras ilegales empezó a sumarse gente hasta llegar a las 8000 personas. Fue el primer revés que sufrió “El Gordo” .
Aprovechando el fervor popular, la oportunista Isabel García Marcos se personó en el procedimiento ya iniciado en Septiembre de 1999, apenas unas semanas antes de que el juez Villén paralizara por primera vez una obra en Marbella.Los vecinos obtuvieron la primera victoria de la era Gil, sin la ayuda de ninguna institución publica, las cuales ya se habían arrodillado ante el poder omnímodo de Gil.
"Somos partidarios de acometer la isla para dar el tratamiento adecuado a los grandes transatlánticos como otra de las grandes aventuras del futuro que, sin duda, pasará por las autopistas del mar y una vez que la autopista se empiece junto con el aeropuerto, vamos a aproximarnos al mundo de tal forma que el AVE sería la guinda del gran pastel que culminase el plan de accesos y comunicaciones necesario para entrar en el año 2000 con unas perspectivas seguras” .
Mientras tanto, Jesús Gil negociaba con la Junta de Andalucía lo que realmente le interesaba, un Plan General de Ordenación Urbana que santificara todas las barbaridades urbanísticas que ya se venían acumulando. En su estrategia no solo debían entretener a los ciudadanos con proyectos fantásticos y ensoñaciones absurdas, también tenía que ganarse a los políticos y a los jueces, por ello organizó unas “jornadas Jurídicas” donde acudieron importantes ponentes como el ministro de Trabajo, Javier Arenas, la ministra de Justicia, Margarita Mariscal de Gante, el Secretario de Estado ¿de? y el secretario general de CC.OO., Antonio Gutiérrez, el magistrado del Tribunal Supremo, Pascual Sala, y el ex vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial José Luis Manzanares, el catedrático Stampa Braun y el presidente de la Audiencia de Málaga Manuel Torres Vela. Curiosamente, sus ponencias versaban sobre “La crisis de la Justicia en la última década del siglo"; “La restricción de derechos fundamentales en el proceso penal", o “Los delitos de cuello blanco" siendo Marbella el lugar elegido para tan pertinentes ponencias. La imagen podría calificarse como surrealista, o más bien de puro cachondeo.
Durante su ponencia, con las hemerotecas como testigos, el ex vicepresidente del Consejo general del Poder Judicial aseguró que:
"a los jueces se nos está demostrando desde cierto sector político que en determinados asuntos lo mejor que pueden hacer es mirar para otro sitio".
Cuando se le preguntó por sus constantes apoyos a la política urbanística de Gil respondió que “cuando todo el mundo hace algo, se convierte en normal”, quizá habría que recordarle tan alto representante del máximo órgano de gobierno de los jueces, que en un estado de derecho, que todo el mundo haga algo puede convertir lo ilegal en normal, pero nunca legal.
No fue la única “jornada”, también se debía organizar un encuentro para el sector económico, que se celebró en el Hotel Andalucía Plaza.Para realzar el evento fueron invitadosRodrigo Rato, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja. Rato deleitó con una ponencia titulada "Promotores-Políticos-Arquitectos: tres miradas en torno a la producción del espacio turístico". Mayor Oreja sentó cátedra con su "Teoría y praxis: historia de una relación político periodística", en un lugar donde el periodismo estaba absolutamente politizado. Por su parte, Rajoy habló sobre "Un año de gobierno del Partido Popular: realidad política y realidad mediática".
No fueron los únicos políticos que se acercaron a dar legitimidad al régimen del GIL, también tuvieron una presencia destacada los dos lideres del PSOE anteriores a Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Borrell, el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón y el secretario general del PP, Ángel Acebes.Estos cursos fueron el lanzamiento de la Universidad de Marbella que, según Pedro Román, seria una realidad, y empezaría a funcionar con siete licenciaturas a partir de octubre de 1998. Los hermanos Marx no podían haber escrito un guión mas cachondopara una comedia por aquellos tiempos revestida de formalidad.
Siguiendo con los proyectos espectaculares que catapultarían a Marbella a los mas alto del turismo de lujo internacional encontramos la isla artificial, el nuevo puerto deportivo de San Pedro o la ampliación de Puerto Banús. El proyecto transformaríala marina en la más grande de Europa. La ejecución costaría 12.000 millones de las antiguas pesetas y doblaría su capacidad, generando 2000 puestos de trabajo. Debería estar inaugurado para el verano del 1999.
Jesús Gil y Gil llegó a Marbella como un autentico huracán. En 1991 Marbella se hallaba inmersa en la mayor crisis de la historia (No fue la mayor crisis, la de 1973 fue devastadora, la del 82 similar a esta del 89). Crisis económica y de la construcción, inseguridad ciudadana con un importante aumento de robos y hurtos, prostitución en las calles (No me parece significativo el dato de la prostitución aunque Gil y los gilistas lo convirtieron en mito). Los ciudadanos de Marbella estaban esperando un cambio radical en la forma de gobernar la ciudad y estaban dispuestos a pagar un precio por recuperar el esplendor perdido. En realidad la situación de Marbella no era diferente a la de el resto de localidades turísticas. La crisis de la construcción había arruinado a miles de empresas constructoras, y la I Guerra del Golfo remató a aquellas ciudades, como Marbella, muy dependientes de la inversión extranjera (Esto sí es significativo).
Se buscaba un golpe de efecto que escenificara el final de un régimen y el comienzo de otro y no hay mejor símbolo que demoler la casa del último alcalde, Paco Parra.La vivienda se hallaba en la avenida Ramón y Cajal. Su localización obligaba a describir una curva que entorpecía los planes de remodelación y mejora de la zona. Lógicamente la Administración tiene los instrumentos de la expropiación para actuar en estos casos, pero se trataba de algo más que de una casa vieja, estaba en el camino de Gil y eso el gordo (sin insultar) no lo permitía.
El mismo día que tomaron posesión, dieron las órdenes oportunas para demoler el inmueble, la orden fue inmediata. Se presentaron a las 12:00 de la noche con la policía local para ejecutarla. Militantes socialistas como Francisco Zori o Aurelio Almagro estaban en la casa defendiendo a su compañero acompañados de una multitud consciente de la injusticia que se ejecutaba. Incluso algún concejal se enorgullece de haber comenzado la demolición con gente dentro de la casa. Finalmente la Policía Nacional, es decir el Estado Central, obligó a los ciudadanos a abandonar la casa del ex alcalde de la que no dejaron piedra sobre piedra.
Ese es el estilo dictatorial que impregnaría el mandato de Gil. Por supuesto que una orden de derribo tiene que ir precedida por un expediente de ruina, expediente que apareció de forma milagrosa en el procedimiento penal que se entabló contra los concejales responsables, y del que salieron inexplicablemente impunes.
El golpe de efecto había funcionado. Ante el primer éxito se lanzaron a demoler todo aquello que se cruzaba en su camino. La siguiente en caer fue un chalet de un lord inglés donde hoy se localiza el Hipercor de Puerto Banús. El tablao flamenco de Pinto estaba situado en frente del Palacio de Congresos. El bailarín salió de su casa ¿El tablao? a las 7:00 de la mañana y cuando volvió al medio día sólo había un solar. El mismo método se utilizó con el rancho Wellington, con las viviendas marginales de La Florida y con la parte trasera de la casona donde se ubicaba Radio Nacional de España.
En cualquier régimen municipal autoritario el poder se representa por el reforzamiento de la policía local. Se creó una unidad “de elite” que se dedicaba a secuestrar a yonquis y prostitutas, llevándolos a una zona alejada conocida como “la mina” donde les pegaban una paliza para abandonarlos sin calzados. (En este ejemplo también se hablaba de los Altos de Elviria). Otras veces después de la paliza los metían en un autobús rumbo a cualquier parte, tras la advertencia de no volver a verles por Marbella.
Se trataba de un procedimiento arbitrario y dictatorial, absolutamente contrario a cualquier derecho elemental. Parecía que Jesús Gil había aprobado su propia ley de “vagos y maleantes”, con un procedimiento tan taxativo y brutal como tiránico era su impulsor.Una gran mayoría de la sociedad de Marbella permanecía impasible, incluso aprobaba estos métodos. Era sabido que se estaba produciendo una auténtica quiebra en los derechos fundamentales de las personas en Marbella, pero las calles volvían a relucir esplendorosas y el turismo regresaba con todo su glamour, a excepción de alguna que otra horterada.(No estoy de acuerdo con esta última apreciación, el glamour no volvió, los frikis se apoderaron del espacio de la popularidad y los medios se sumaron a la fiesta)
Marbella en obras.
Gil quería crear una nueva Marbella. Para ello comenzó las obras del Paseo Marítimo entre Marbella y Puerto Banús. Esta intervención, en paralelo a la Milla de Oro, parecía imposible para los otros gobiernos municipales, dado el gran número de parcelas que había que expropiar y los condicionantes de la Ley de Costas que impedía, incluso al Ayuntamiento realizar obras a menos de cien metros de la línea de costa. Por tanto, aunque resulte paradójico, la obra civil de la que más orgullosos se sienten los habitantes de Marbella, es ilegal. El gobierno central intentó paralizarla varias veces, consiguiéndolo cuando las obras estaban prácticamente finalizadas, llegando a multar con 300 millones de pesetas al Ayuntamiento.
Asimismo comenzó la construcción de parkings que aliviarían los problemas de estacionamiento. Dos de los más conocidos son el de La avenida del Mar y el situado frente al Club Financiero Inmobiliario. El ubicado al sur de la Alameda fue rematado con un precioso paseo al Mar hermoseado con variasesculturas calificadas como originales de Salvador Dalí” que el propio Gil valoró en 800 millones de pesetas, aunque poco tiempo después se demostró que eran simples réplicas realizadas a partir de un boceto del pintor de Figueras. La fundación que gestiona el legado de Dalí salió al paso para desmentir su autencidad, pero daban “el pego”, la gente “picaba”y lucían con esplendor. Aún hoy es uno de los motivos más fotografiados por los turistas.
La primera legislatura del GILISMO fue una época marcada por la recuperación de Marbella y de la autoestima perdida de los marbellíes y sampedreños.El Ayuntamiento no tenía mucho respeto por la Ley, pero trabajaba por los ciudadanos y cumplió la mayoría de las obligaciones de pago con los proveedores, a excepción de las deudas de la anterior corporación socialista, las cuales, “no reconocían”, como si el Ayuntamiento fuera el de una ciudad distinta.Se embelleció el municipio con flores y mobiliario urbano. La limpieza era una de las máximas prioridades, así que se aumentó la plantilla de limpieza en 100 personas de forma inmediata.Se construyo el museo del Bonsái, el cual se le encargó a Carola Herrero, reconocida arquitecta y hermana del popular locutor de radio, que por aquellas fechas apoyaba a Gil, como lo hacían más de 50.000 marbellíes.
José Luís Sierra no era un letrado que conociera bien el derecho administrativo, por eso se daba de bruces una y otra vez con los procedimientos de contratación y adjudicación del Ayuntamiento. Pero eso tenía que cambiar, puesto que la intención era dirigirlo como una empresa, y había que idear la forma de conseguirlo.
3.3La recuperación de Marbella
Durante la primera legislatura del GIL, la peseta se devaluó un 40 por ciento reactivando la inversión en España en bienes inmuebles. El mercado inmobiliario renació de sus cenizas, puesto que el inmueble que costaba 200.000 libras a los ingleses en cuestión de meses pasó a costar 120.000 Libras. Esto reavivó la voracidad de constructores que compraban todo el suelo disponible, sin importar el precio. La recuperación de la construcción y del mercado inmobiliario trajo empleo y riqueza a una Marbella que había visto como en 4 años se pasaba de la más aguda crisis a la mayor de las opulencias. Esto era lo que importaba al ciudadano, que pensaba que la recuperación se debía a la política de GIL, cuando no era así. La regeneración económica de Marbella se debió a la depreciación de la peseta que convirtió a España en un destino más favorable tanto para el turismo como para la inversión en inmuebles. Esta realidad es fácil constatarla con la perspectiva de los años, pero imposible de apreciar entonces.La metodología que ideó fue constituir sociedades municipales, que serían conocidas como las “Empresas 2000“. En realidad este fue el auténtico comienzo del fin. Jesús Gil comenzó a demostrar que ni la Ley ni la propiedad ni la personas representaban una barrera insalvable para él.
La reelección de 1995
Jesús Gil se enfrentaba entonces a su primera reelección con un problema sobre la mesa. Estaba condenado por un delito de estafa a suspensión de cargo público, prohibición del derecho de sufragio y de administración de sociedades mercantiles y no podía presentarse a las elecciones a no ser que el Consejo de Ministros le indultase, algo que ya había sucedido tras cumplir parte de la condena por la tragedia de los Ángeles de San Rafael. Se iba a convertir en el primer ciudadano en ser indultado en dos ocasiones por el Gobierno, fue la actual vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, otrora Secretario de Estado de Justicia, quien elevó a través del Ministro Belloch al Consejo de Ministros la solicitud de indulto que fue aprobada el 17 de Marzo de 1994.
Fernández de la Vega no fue la única defensora del indulto, también Javier Gómez Navarro, ministro de Comercio y Turismo, así como habitual morador del palco del Vicente Calderón puso toda la carne en el asador para liberar a su presidente.Cuando se preguntó al Abogado del Estado que redactó el informe relativo al perdón contestó que no estaba autorizado por normas internas y que “al tratarse de un personaje público no hay respuesta si no hay autorización de muy arriba” .
El buen trato dispensado por los gobiernos socialistas a Gil es sorprendente, pero no terminó ahí.La Interpol solicitó al Gobierno un informe sobre las “actividades extrapolíticas del alcalde de Marbella”, dadas las numerosas detenciones de mafiosos en la Costa del Sol y la denuncia de la Juez Blanca Esther Díez que vinculó a Gil con miembros de la camorra que se escondían en Marbella. La oficina española de la Interpol, dependiente del Secretario de Estado de Seguridad, siguiendo instrucciones “superiores”, hizo caso omiso de la rogatoria.
Con su nueva victoria, en Mayo de 1995, Jesús Gil se creció e incluso interrumpió el diálogo con sindicatos y funcionarios. Como medida de presión en la negociación del nuevo convenio colectivo dejó de pagar las horas extras y los “pluses” tan frecuentes como cuantiosos en el consistorio.Los funcionarios decidieron concentrarse en las puertas del ayuntamiento e impedir así la entrada de los concejales. Tras la carga de la Policía Nacional, que produjo algunos heridos, los trabajadores decidieron encerrarse en el mismo salón de plenos. El Alcalde ordenó el desalojo que fue ejecutado por el actual jefe de la Policía Local, Rafael Mora, que pidió a los funcionarios que abandonasen la Casa Consistorial "por orden de la alcaldía". Por aquellas fechas lo único que trascendía a nivel nacional es que Jesús Gil salía en el Telediario asegurando que tenía que “desinfectar el ayuntamiento porque unos comunistas piojosos se habían encerrado” y el resto de España le reía las gracias, cuando lo que estaba ocurriendo era el comienzo de una auténtica tragedia a nivel nacional.
De esta forma, Jesús Gil decidió expandir su imperio electoral a las localidades limítrofes como Manilva o Estepona, extendiendo el cáncer que asolaba Marbella al resto de la Costa del Sol.
Los primeros problemas con la Justicia.
La Cámara de Cuentas de Andalucía empezó a requerir documentación del Consistorio a lo que Jesús Gil se negó, motivo por el que tuvo que declarar el 26 de septiembre de 1996 así como los tenientes de alcalde y los consejeros delegados de las empresas municipales.
También por aquellas fechas comenzaban a saltar a la prensa distintos escándalos como el caso “de la estatua Rusa”, en el que el Ayuntamiento firmó un convenio con el alcalde de Moscú por el que Marbella recibía, supuestamente de forma gratuita, una estatua denominada “La Victoria” . El Ayuntamiento se comprometía a sufragar los costes del traslado, con el pago en especie de varias parcelas en la urbanización de lujo Guadalmina.
En enero de 1997 ya se mostraban evidentes los muchos problemas del GIL con la justicia debido a la denuncia de la Fiscalía Anticorrupción contra Jesús Gil por fraude al ayuntamiento marbellí y a la Agencia Tributaria, falsedad documental y alzamiento de bienes. Los hechos delictivos se remontan a Octubre de 1991, apenas 4 meses después de obtener la victoria en las elecciones.
Por primera vez, el 6 de Mayo de 1998, declaraban en su condición de imputados por un delito contra la ordenación del territorio el primer teniente alcalde, Pedro Román, quien consideró que "con la presentación de esta querella la oposición está tratando de utilizar políticamente la Justicia, quieren ganar en los juzgados lo que las urnas democráticas no les dan".
Las instituciones del Estado no eran ajenas a esta tragedia democrática que vivía Marbella, una intervención del diputado de Izquierda Unida en el Parlamento Andaluz, ¿Antonio Romero? el 11 de Septiembre de 2003, abundaba el el argumento de este fracaso institucional.
La realidad es que en el caso de Marbella han fallado bastantes cosas, empezaron a fallar desde el principio cuando la justicia no intervenía cuando el señor Gil declaraba que en Marbella sobraba la prensa, sobraba el Parlamento y sobraban los jueces (…) cuando el actual alcalde de Marbella aclamaba a la policía local cuando apaleaba a periodistas o cuando se negaba a colaborar con los Gobiernos central y autonómico o cuando insultaba y presionaba los jueces (…) Sobre todo ha fallado el Estado de derecho, pues en una democracia constitucional ganar unas elecciones da derecho a gobernar pero también obliga a que ese gobierno sea sometido a los controles que todo Estado de derecho impone (…) También falló la justicia a lo largo de todos estos años. Quizás el caso más sonado ocurrido en Marbella sea la pérdida de sumarios (…) Durante todos estos años, hemos visto innumerables y continuos casos judiciales no aclarados en Marbella (…) También fallaron los controles de los gobiernos central y autonómico, que fueron incapaces de reaccionarante los desmanes que cometía el señor Gil.Señorías, en estos momentos son muchos los marbelleros y marbelleras que sienten profunda vergüenza por lo que está ocurriendo en su ciudad ( …)[1].
Marbella no ha sido la única víctima de la corrupción política. Bien es cierto que el caso de Marbella ha tenido una especial relevancia dado el renombre de la capital de la Costa del Sol y el hecho diferencial de un partido independiente, es decir, no nacional, pero el mapa de la corrupción es muy amplio en nuestro país. Si analizamos la gran mayoría de casos, encontramos un factor común: el sector inmobiliario. Allí donde se ha producido un mayor desarrollo inmobiliario se ha corrompido mucho más las instituciones públicas. En la mayoría de los casos, la corrupción ha quedado impune.
Desgraciadamente cuando un promotor paga un soborno al cargo o funcionario de turno,la cantidad pagada repercute inmediatamente en el precio que será pagado por el comprador durante los próximos 30 años de hipoteca.
El daño que se le ha hecho a los habitantes de Marbella tardará una generación en resarcirse. Algunos ex gilistas me aseguran que también se debe tener en cuenta las obras públicas que se hicieron en Marbella. Es un enorme error. A un médico que es negligente no se le juzga por los pacientes sanados, sino por la incuria que costó la vida a un paciente. Es cierto que el GIL hizo obras públicas, era su obligación. No vamos a felicitarle por ello. Es cierto que muchos ayuntamientos han imitado su forma de gobernar, pero todos han acabado pagándolo. Sin ir más lejos, un concejal de Urbanismo de Estepona, aseguraba que la forma de gobernar del GILISMO influía en el comportamiento de la corporación entonces gobernante, ahora imputada por graves delitos. Jesús Gil administró Marbella como si fuera una empresa a la que dedicó los primeros años y después utilizó para financiar sus negocios privados.
Fue muy sencillo dar cierta sensación de iniciativa inversora, puesto que lo primero que hizo fue dejar de pagar las retenciones del IRPF a la Agencia Tributaria y las cotizaciones de los trabajadores a la Seguridad Social, con el remanente era fácil hacer algunas obras públicas.
Durante 15 años no se hizo ni un solo colegio, ni un solo ambulatorio (ambas inversiones son responsabilidad de la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento está obligado a ceder suelo para su construcción y, en el caso de los colegios, a su mantenimiento y conservación. Sí se construyeron colegios en concreto Pinolivo en Las Chapas y los institutos Bahía de Marbella y Al Andalus en Nueva Andalucía), todo fue una pantomima de cara al populacho (expresión despectiva yo la quitaría) con el fin de distraer la atención sobre lo que realmente hacía: vaciar la caja delante de nuestras propias narices.
[1]Diario de Sesiones del Parlamento de Andalucía 11 de Septiembre de 2003, Sesión nº 125.
Juan Antonio Roca es un personaje complejo, obsesivo y muy meticuloso, es por ello que todo, absolutamente todo lo apuntaba en sus agendas que guardaba año tras año. Las agendas sustraídas por Julián Muñoz y publicadas por Cristóbal Toro corresponden a los años 1994 y 1995, cuando el poder de Roca en el Ayuntamiento no era absoluto.
Roca llegó a Marbella en 1986 procedente de su tierra de origen, Cartagena, donde trabajaba con Tomás Olivo en la construcción de centros comerciales hasta que lo despidió por comprarse un BMW con el dinero de la sociedad. Entonces Juan Antonio Roca no tenía mucha disponibilidad financiera (no estaba arruinado tal y como se ha publicado) y vio en la figura de Jesús Gil una posibilidad de dinero fácil y rápido. Así fue como decidió acercarse al Club Financiero Inmobiliario, lugar desde donde Jesús Gil dirigiría el Ayuntamiento y sus empresas.
Al no conocerle ni estar previamente citado, Jesús Gil le hizo esperar mucho tiempo, así que Roca, que estaba realmente hambriento en todos los sentidos, se acercó a una hamburguesería cercana y volvió con el menú completo. Así se pensaba comer a Marbella, a bocados. Juan Antonio Roca propone varios negocios a Jesús Gil, entre ellos comprarle dos inmuebles en el lujoso Edificio Poseidón a través de las gibraltareñas Marcadius Investments Limited y Blue Begonia Limited. Tras una reforma fiscal que grava a las sociedades “off shore” tenedoras de inmuebles con un impuesto especial, Juan Antonio Roca vende los inmuebles a Marbella Inversiones, S.L, única sociedad oficialmente propiedad de Roca.
Roca se convirtió en el empleado de Jesús Gil para temas urbanísticos, el hombre de confianza a quien enviaba para hablar con los promotores. Uno de los objetivos del alcalde eran los ingleses, así que puso a recibir clases de Inglés a Roca, de modo que una profesora se acercaba dos días a la semana al Club Financiero para cumplir ese propósito.
Durante los años que mantuvo su poder, Roca actuaba como “elconseguidor” así que no es difícil encontrar nombres como los de Julio Iglesias, Encarna Sánchez, pero no todos los nombres que aparecen en las agendas de Roca son de cómplices de sus actividades delictivas. Con esto quiero aclarar que si Juan Antonio Roca tenía cita con su dentista, no significaba que éste fuera un delincuente, ni mucho menos. Es necesaria esta observación porque se ha criminalizado a todas las personas que aparecen en sus agendas, sin tener absolutamente nada que ver en ninguna actividad ilícita. Sin ir más lejos, Antonio Herrero, popular periodista de la COPE, era un gran amigo de Juan Antonio Roca, puesto que compartían una afición común: La caza.
Desgraciadamente Antonio no se dio cuenta hasta poco antes de fallecer de la trama de corrupción que habían tejido, la mezcolanza de buscavidas que componían los concejales del Grupo Gil.
Tampoco Francisca Caracuel, abogada de profesión y actual concejal de Seguridad Ciudadana, tenía nada que ver con las actividades delictivas de Juan Antonio Roca, y sin embargo se citaba con cierta frecuencia con Roca.
Otros nombres sí que pueden estar vinculados con actividades ilícitas, por ejemplo, sorprende mucho la inclusión de Antonio González García, responsable de la detención de Luis Roldán en Bangkok, que por entonces dirigía la Brigada Provincial de la Policía Judicial de Madrid, e incluso llegó a ser jefe nacional de la Policía Judicial. Otro ex funcionario público que aparece sorprendentemente en las agendas es Severino Martínez Izquierdo, ex jefe de Unidad de Vigilancia y Lucha contra el FraudeFiscal.
El problema era que a Juan Antonio Roca no le gustaba el protagonismo, de forma que el número tres del Régimen en ojos de la sociedad era el número dos, Julián Muñoz Palomo que, con la inhabilitación de Jesús Gil y Gil durante 28 años tras el caso “Camisetas”,pasó a ser teórico número uno municipal, aunque sólo desde el punto de vista legal, porque la realidad era que Juan Antonio Roca, según palabras del propio Jesús Gil y Gil en su última rueda de prensa, “es el único que puede apelmazar toda esta mezcolanza que hay a mi alrededor”, se refería a los concejales.
El Gilismo se mantiene durante 15 años a través de diversos mecanismos de fidelización que malearon al votante. También es justo decir que durante los primeros años, se hicieron obras públicas, y se mejoró en limpieza y seguridad.
El primero y más importante de los mecanismossibilinos es el tráfico con el empleo público. Cuando el Gilismo llegó al poder la plantilla del Ayuntamiento apenas llegaba a las 700 personas, actualmente alcanza las 4000 personas. Esta corruptela crea un vínculo entre ciudadano y político que aniquila el mismo Estado de Derecho porque el legislador traiciona la propia Ley con la connivencia y complicidad del ciudadano soberano. Desde entonces el empleado deja de ser ciudadano para convertirse en vasallo y no tendrá más remedio que besar la mano que le da de comer.
Jesús Gil fue el primero en enchufar a los suyos, posteriormente llegó Julián Muñoz e hizo lo propio, y finalmente Marisol Yagüe acabó por convertir el Ayuntamiento de Marbella en un auténtico camarote de los hermanos Marx.
El segundo de los métodos es la obtención de otras prebendas distintas al puesto de trabajo (licencias, actuaciones públicas etc.) por parte del ciudadano en perjuicio de sus conciudadanos. Es el tradicional tráfico de influencias. El bien público se ve así traicionado por una perversa alianza. El político deshonesto no tarda en darse cuenta de que puede cobrar por estas actuaciones iniciándose la rueda de cohechos y prevaricaciones que convierten al ayuntamiento en un prostíbulo de bienes públicos.
Una tercera forma de secuestrar la voluntad del ciudadano, manifestada en la soberanía popular, es condicionar el cumplimiento de un fin público a una determinada actitud social. A nadie se le escapaba en Marbella que quien tenía el carné del GIL no sólo tenía más posibilidades de obtener un puesto de trabajo, sino que eran mejor tratados por policía local, funcionarios, y administración pública en general, además de servir de salvoconducto cuando surgían problemas.
Por último cabe destacar el ocultamiento de un delito o falta por parte de la administración pública como precio para conquistar la voluntad del votante. En realidad este estadio era un bautismo de entrada a la mafia. Los delitos cometidos por los actores del régimen no siempre estaban conectados. Cada miembro de la mafia puede actuar por su cuenta en determinadas áreas donde el capo no ha puesto sus tentáculos por ser pequeña o de una dificultad y riesgo mayores
Todos estos mecanismos, y algunos más que rozaban el esperpento, eran utilizados por el Gilismo para mantener su estatus, pero el desgaste comenzaba a hacer mella en los apoyos, algo corroborado por la evolución del voto. A pesar de sentirse abandonada por las instituciones del Estado, parte de la ciudadanía se resistía al poder omnímodo establecido.
No todos tuvieron la misma responsabilidad. La ligazón entre ciudadano y político inmoral no es la misma si tan sólo le votaste una vez que si le votaste cuatro veces porque le había dado un puesto de trabajo a tu hijo. Lo que es indudable es que muchos permitieron por acción y/o omisión lo que pasó en Marbella, y aunque el abandono del Estado fue palpable, esto no puede ser más que un atenuante y nunca un excusante.
Finalmente, es común al poder intentar controlar la información. Según el grado de corrupción de la institución este dominio será mayor o menor. En Marbella se ideó un aparato propagandístico que primero desinformó,después anestesió y por último engaño a los ciudadanos. Esta estrategia tiene dos aspectos, la existencia de una eficaz maquinaria informativa al servicio de la corrupción y la influencia sobre los restantes medios. Para su creación fue contratado el director del Diario de Córdoba Martín Hidalgo, el cual retomó una de las cabeceras con mayor solera en Marbella, “La Tribuna”. Podemos afirmar que muy pocos medios de comunicación han sido auténticamente libres e independientes en el ámbito local. Prácticamente todos estaban en la nómina del Gilismo. Los que no rendían pleitesía al patrón recibían amenazas, exclusión social, agresiones físicas. Paradigmática es la persecución a la que sometió el GIL al corresponsal de EL MUNDO, que tras publicar en 1999 el caso saqueo sufrió estas imprecaciones en el mismo salón de plenos del Ayuntamiento Marbellí:
“Os odio y os desprecio, habéis prostituido la profesión y lo pagaréis, os voy a echar al pueblo de Marbella encima y os tendréis que ir”
En cierta ocasión amenazó al mismo corresponsal de EL MUNDO en la puerta de los juzgados “te voy a liquidar”, motivo por el cual fue condenado por un delito de amenazas, aunque es justo decir, que Jesús Gil salió impune de la mayoría de delitos que cometió.
Durante 8 años Pedro Román fue el número dos del Régimen, pero cuando comienza a tener serios problemas judiciales decide retirarse a un segundo plano, pasando a ser el número dos Juan Antonio Roca Nicolás. Aquí es donde comienzan los problemas para la organización, puesto que el número dos público no coincide con el numero dos real. Estos problemas acarrearían la descomposición del grupo cuando desapareció el número uno, Jesús Gil, que dio paso a una lucha fraticida por el poder.
Académicamente es difícil definir el concepto de ”mafia” puesto que como expresión máxima de una organización criminal, tiene formas cambiantes y distintas formas de manifestarse. Existen gran número de definiciones para todos los gustos, desde la más estricta de “Organización jerárquica de criminales” a la más amplia, que la define como “sistema de relaciones clientelares”.
El GIL fue un grupo coordinado de personas que no se enfrentaban abiertamente a la Ley, sino que la utilizaban para lucrarse. En esta organización se daban algunas, no todas, de las características propias del crimen organizado, entre las que cabe destacar:
• Organización piramidal con fuerte liderazgo
• Objetivo ilícito (lucro)
• Amplia influencia social
Según el informe 21900/2006 de la Unidad de lucha contra el Crimen Organizado incluido en la operación Malaya “El Ayuntamiento de Marbella estaba controlado por una estructura criminal que partiendo del control político del Ayuntamiento de Marbella, ha desarrollado una atmósfera de favorecimiento mercantil por medio de resoluciones municipales a favor de promotores, constructores e inversores, que a cambio de dadivas vulneraban la normativa urbanística en perjuicio del interés general. Se trata de una sólida red de corrupción organizada de cara a obtener lucro sin reparar en los medios”.
Ha quedado probado en diversos procedimientos judiciales que Jesús Gil corrompió el Ayuntamiento de Marbella, a través de una organización. Ahora cabe preguntarse si tenía carácter mafioso o simplemente criminal. En este punto es importante reiterar que no todas las personas que pertenecieron al GIL tuvieron el objetivo de lucrarse y la disposición de quebrantar la Ley, sólo los más allegados a Gil obtenían el calificativo de “uno de los nuestros”; entrando en el círculo de personas que movían los hilos de los miles de colaboradores involuntarios al saqueo de Marbella. La historia, sin duda, dejará a cada personaje en el lugar que le corresponde. Desde un punto de vista objetivo, no podemos sostener que el GIL fuera un grupo de criminales organizado de forma jerárquica, puesto que no todos los que lo integraron conocían los fines de sus líderes ni tomaron parte activa de sus delitos, aunque si que se beneficiaron de una forma u otra. Sin embargo no cabe denominar al fenómeno GIL como una mafia en sí misma, sino como un grupo de subordinados a la autoridad de Jesús Gil que engañaban y utilizaban a la inmensa mayoría de los ciudadanos de Marbella con el fin de enriquecerse.
En los últimos años se ha constatado que el crimen organizado ha pasado de enfrentarse abiertamente a la Ley a adaptarse y camuflarse en formas legales ante la presión de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Este nuevo fenómeno lo podemos denominar como “mafias blandas” las cuales pretenden aprovecharse del sistema sin enfrentarse abiertamente contra él. Las mafias blandas no transgreden la Ley por sistema, sino que buscan los recovecos y oportunidades que deja para burlarla.
Si la sociedad fuera un cuerpo vivo, que lo es, la mafia sería una enfermedad vírica que se alimenta del huésped hasta matarlo, mientras que las mafias de blandas actúan como parásitos, alimentándose también del cuerpo pero lo necesitan con vida para seguir alimentándose, prolongando su agonía.
Es importante incidir en la diferencia entre corrupción y mafia. La primera es una expresión que engloba distintos tipos de delitos, sobre todo los cometidos en el ámbito de actuación pública. Las mafias internacionales que operan en la Costa del Sol hacen normalmente referencia a grupos organizados de países del este de Europa e Italia que invierten las ganancias de sus actividades ilegales.
Desde el punto de vista económico, una mafia es “Una organización criminal dedicada a explotar un mercado ilegal”. No cabe duda que el objetivo del GIL fue apropiarse de bienes públicos y enriquecerse gracias a su mercadeo y venta aún a costa de los ciudadanos. No creo personalmente que existiera una mafia en el sentido estricto de la palabra. Más bien existía un conjunto de delincuentes que cooperaban entre sí y engañaban a la gran mayoría de los ciudadanos de Marbella y San Pedro. La corrupción en el gobierno de los ciudadanos es una deformación tan antigua como la misma sociedad que administran. En realidad la corrupción forma parte desgraciadamente, de la misma naturaleza humana, pero no es este tipo de degradación a la que nos referimos en este libro, sino a la de los poderosos, a la que se refería Marco Tulio Cicerón cuando decía “Corruptio optimi pessima est”, a la corrupción de las personas con responsabilidades políticas.
Paradójicamente, conozco a buenas personas que integraron el Grupo Independiente Liberal, y participaron activamente en él. Lo hicieron con la mejor de las intenciones, ajenas a lo que en realidad estaba pasando. Los propósitos delictivos sólo eran compartidos por las más altas esferas del poder, y su potente aparato informativo transformaba la percepción de los ciudadanos sobre su gestión. La mayoría de las personas que pertenecían al Grupo Independiente Liberal no compartían el objetivo criminal de sus jefes. En algunos casos les atraía el dinero fácil, en otros simplemente la lucha por la subsistencia. Incluso algunos pensaban hacer un bien a la comunidad. Probablemente, el carácter mafioso como tal sólo puede imputarse a los máximos colaboradores del capo, que eran los siguientes: José Luís Jiménez, el brazo ejecutor de Jesús Gil, era apodado “el tirillas” por su delgadez. Lo conoció durante los 18 meses que pasó en prisión y desde entonces se hicieron inseparables. Era el hombre de los trabajos sucios, de los que no se podía encargar a otras personas. Gil le tenía un aprecio especial, y siempre le trataba de usted. En una ocasión, durante una reunión con los concejales lo dejó claro “quien toca a Jiménez me toca a mi”. Era quien personalmente gestionaba el patrimonio de Jesús Gil. Como en las familias tradicionales, su hijo heredó el acta de concejal y fue imputado por un delito contra la ordenación del territorio.
Manuel Castel, contable del saqueo de Marbella y de muchos de los negocios “B”, ya tenia experiencia en otros desfalcos puesto que provenía de la división financiera del grupo RUMASA. Manuel Castel disponía de despacho junto a Jesús Gil y por el pasaban todas las facturas de las sociedades 2000. Pedro Román primero y Julián Muñoz después, eran los encargados de los temas locales. Durante su presencia en el Ayuntamiento, Pedro Román, mano derecha de Jesús Gil, era quien compartía junto a Juan Antonio Roca la gestión de los asuntos urbanísticos.
Estas cinco personas eran el núcleo duro de la organización y los auténticos administradores del entramado societario que controlaba al Ayuntamiento de Marbella. Ni siquiera los concejales tenían acceso a ellos, puesto que los munícipes marbellíes durante muchos años no pasaron de ser meras marionetas cuya única función era levantar la mano en los plenos municipales cuando se les indicaba.
En un comienzo, resulta claro que Jesús Gil no tenía más objetivo que el de vender sus pisos y dirigir el Ayuntamiento como si de una empresa propia se tratase, con el fin de que tanto él como los ciudadanos disfrutaran de los dividendos. Durante muchos años, cualquier apariencia mafiosa era difuminada por el carismático capo que entre lo grotesco y lo chabacano daba una falsa apariencia de espontaneidad y ausencia de malicia. No deja de resultar curioso como muchos mafiosos se parapetan en clubes de fútbol. En realidad no se esconden detrás del escudo, se esconden detrás de la afición, buscan la impunidad del populismo.
El grupo GIL obtuvo 20.531 votos en su primera concurrencia a las urnas. En esas elecciones, a pesar del aumento del número de votantes en un 30.86 % el Partido Popular cedió el 82 % de sus votantes, mientras que Izquierda Unida perdió el 71,21 %, el movimiento independentista de San Pedro (que lucha por la segregación de San Pedro Alcántara) perdió el 39, 85 % y el PSOE el 31, 87%
Sus votantes se dejaron engatusar por una promesa de prosperidad. Marbella por entonces padecía una grave crisis económica y necesitaba un “salvador”, por eso su eslogan de “Voy a resucitar Marbella” convenció a propios y extraños. Al cabo de los años, era más que evidente que Jesús Gil y Gil no había llegado a Marbella sólo para vender más pisos, sino también para robar. Para entonces el Estado había abandonado a la ciudadanía de Marbella a su suerte ya fuera por acción u omisión. La Junta de Andalucía no detenía las irregularidades urbanísticas porque cobraba los impuestos de la actividad inmobiliaria quizá sean causas más complejas (connivencia política inicial, falta de contundencia posterior y actuación tardía al final), la fiscalía no denunciaba, la justicia no condenaba, la policía no investigaba. Los ciudadanos estaban solos ante el Leviatán y la gran mayoría se rindió, produciéndose una terrible comunión entre los ciudadanos y la mafia gobernante: dame de comer y te dejo robar. El Estado de Derecho se había diluido en Marbella.
La siguiente tabla muestra la evolución del voto en las cinco legislaturas. Se puede observar como, a pesar del aumento progresivo de los partidos democráticos, el Gilismo se mantiene prácticamente sin desgaste a pesar de todas las imputaciones de delitos contra la Hacienda de todos los ciudadanos.
En 2003 con 21.978 votos el GIL había logrado siete votos más que cuatro años antes, es decir, prácticamente el mismo apoyo, significando éste el 47´08 % de los votos emitidos. Sin embargo, cuatro años antes este números de votos significaba el 52´3 %. El Leviatán corrupto se mantenía, pero la ciudadanía despertaba. Este gráfico estudia el número de votos totales del GIL frente a la suma de votos del resto de formaciones políticas. Desde la primera legislatura la oposición democrática no dejo de crecer, señal de un progresivo despertar de la ciudadanía. Prácticamente el número de votantes a partidos democráticos se igualó en 1999 y en números absolutos, los gilistas estaban en minoría en el año 2003 frente al resto de partidos.